La palidez nocturna es augurio de mi pesar,
y si la luna no me habla ni me ve,
o si no responde a mis aullidos
cuando el silencio no se calla,
Ella me visitará y no me soltará,
amada soledad, amante celosa y furiosa.
Te asomas y me esperas a cada minuto,
en cada rincón del día,
te ocultas en una palabra inofensiva
o en un beso de amistad,
apareces en el pasaje de un libro,
en cada nota de Chopin,
luego de un alegre sueño
o de una placida siesta diurna;
te ubico en mi mirada perdida,
en la lluvia que nace del cielo,
en un abrazo,
en cada paso.
Entre un minuto y otro existe una eternidad,
una solitaria y fría eternidad,
porque no me dejas solo, soledad ;
donde pisas tu huella dejas ,
me muerdes y me besas, me muerdes...
Y la noche observa en cómplice silencio.
Sólo la vigilia nocturna me permite soñar...
y mis tristes días se multiplican,
sólo veo en cada dulce error
la sombra de mi agudo dolor,
y en cada caricia placentera
una felicidad dolorosa y pasajera.
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