lunes, 9 de diciembre de 2013

Ad infinitum



''Las efímeras generaciones de los hombres surgen y desaparecen en veloz sucesión, mientras que los individuos van danzando hacia la muerte entre angustias, necesidades y dolores. Incesantemente se preguntan qué será de ellos y qué significa toda esa farsa tragicómica, e invocan al cielo pidiendo respuesta. Pero el cielo permanece mudo.''

Schopenhauer

martes, 3 de diciembre de 2013

Bliss


 (Franz von Stuck)
 
"Era curioso, siempre igual en mi vida. Cuando me sentía feliz, bastaba con pensar que esta felicidad no iba a durar mucho, para que cesara inmediatamente. La sensación de dicha no se detenía en absoluto porque las condiciones exteriores que la habian engendrado hubieran cambiado, sino sólo porque yo tomaba conciencia del hecho de que esas condiciones exteriores iban a desaparecer pronto y con toda seguridad. Y tan pronto como me daba cuenta de ello, la dicha dejaba de existir - y las razones exteriores de esa dicha que no se habían interrumpido, que seguían existiendo, no hacían más que irritarme."


Mark Agéyev


viernes, 29 de noviembre de 2013

Una oda




 La Paloma

Tú, pájaro iconoclasta,
antes que Lucifer o Prometeo
navegabas los cielos
cristalinos
y derribabas los grilletes
de la naturaleza
cruel

Sí, Tú,
quien no tiene amo
quien no es siervo del amor,
de la esperanza,
de ideales, de metas, o de la fe
(libre de todos esos espíritus)
sólo vuelas tu cuerpo nihilista
bajo noche y día

Tú, que ni humano ni arte ni tecnología
ni religión
respetas o idolatras;
Toda hora somos testigos
de tu veneno viscoso blanco
de tu antorcha de blanca llama
de tu aguacero estomacal como leche derramada
que por doquier se observa

y en todo te defecas
y en todo te cagas

Tú, ejemplar de sincera rebelión
laxante no necesitas
bombardeas a la ciudad
sin piedad
Y ni tus alas fatigadas
de volar
Ni tu culo desgastado
de disparar
atiendes

Sí, Tú,
no tienes dueño

¡Oh!
plumífero anarquista
ave nihilista
que avergüenzas la barba de Marx y Bakunin
y te cagas en ambos
y ni cruz ni Cristo se salvan
de tu libertad intestinal
(el último de blanco se vistió en honor a ti
¡pero qué te importa a ti!)
pájaro bendito por ti mismo,
tu dios, tu padre y tu madre
eres tú

Tú, cuyas
alas ya no te pesan
Tú, cuyo
ano ya no se queja
te cagas en el mundo
y te cagarás
(pasado, presente y porvenir
resumidos en balazo blanco
en molotov líquida)
por los siglos de los siglos
Amén

Dagen Derpå (El día siguiente)

 
(E. Munch)

El día siguiente dura más que un día, a veces se prolonga meses. Haber matado una posibilidad de ser y estar (con otro, ya sea emocional, artístico, y/o intelectual) es haber acabado con una historia personal, con una dicha ilusoria, con un sentido; antes de que el cuerpo caiga a la tumba ya te matas por palabras, por olvidos, por afectos. Y la pregunta brota: cuántas veces seguiré muriendo hasta que la muerte final venga por mí y me diga, con voz maternal que da miedo y amor, "la comedia ha terminado". Sin embargo, el pero perenne, en sufrir no hay nada demasiado despreciable y desagradable siempre. A veces, padecer el insomnio omnipotente de ese pelo de ébano, parpadear entre la rutina y rumiaciones esos ojos de noche sin estrellas que acosan la memoria, es una garra sanguinaria que inspira, que asombra y que permite la incógnita apreciación, para mí, de que la vida quizá valga algo, sobre todo en ese silencioso dolor, tan solitario como el pensamiento del genio y tan triste como la mirada del perro vagabundo, al menos si tan sólo para sentir y saberse sintiendo. 
Pero no me entiendan mal, la violencia de traer un ser al mundo jamás podrá ser justificada. Esta divagación es para los que ya están condenados a existir; dejen y traten a los muertos sin nacer de la misma manera como dejan y tratan a los muertos después de nacidos, en paz. 

P.s: todo lo que se puede decir (escribir) o no vale la pena o es una mentira. ¿Para qué escribo? ¿Para qué escribí todo esto? te preguntas lector... ¡Qué sé yo!

domingo, 24 de noviembre de 2013

Tanto he vivido sin haber vivido.


 


"La vida es un viaje experimental, hecho involuntariamente. Es un viaje del espíritu a través de la materia y, como es el espíritu quien viaja, es en él donde se vive. Hay, por eso, almas contemplativas que han vivido más intensa, más extensa, más tumultuosamente que otras que han vivido externas. El resultado lo es todo.

Lo que se ha sentido ha sido lo que se ha vivido. Uno se recoge de un sueño como de un trabajo visible. Nunca se ha vivido tanto como cuando se ha pensado mucho.

Quien está en el rincón de la sala baila con todos los bailarines. Lo ve todo y, porque lo ve todo, lo vive todo. Como todo, en suma y ultimidad, es una sensación nuestra, tanto vale el contacto con un cuerpo como su visión o, incluso, su simple recuerdo. Bailo, pues, cuando veo bailar. Digo, como el poeta inglés, al narrar que contemplaba, tumbado en la hierba, a tres segadores: «Un cuarto está segando, y ése soy yo».

Viene todo esto, que va dicho como va sentido, a propósito del gran cansancio, aparentemente sin causa, que ha descendido hoy súbitamente sobre mí. Estoy, no sólo cansado, sino amargado, y la amargura es también desconocida. Estoy, de tan angustiado, al borde del llanto —no de lágrimas que se lloran, sino que se reprimen, lágrimas de una enfermedad del alma, que no de un dolor sensible-.

¡Tanto he vivido sin haber vivido! ¡Tanto he pensado sin haber pensado! Pesan sobre mí mundos de violencias paradas, de aventuras tenidas sin movimiento.

Estoy harto de lo que nunca he tenido ni tendré, tedioso de dioses por existir. Llevo conmigo las heridas de todas las batallas que he evitado. Mi cuerpo muscular está molido del esfuerzo que no he pensado en hacer.

Empañado, mudo, nulo… El cielo alto es el de un verano muerto, imperfecto. Lo miro como si no estuviese allí. Duermo lo que pienso, estoy echado andando, sufro sin sentir. Mi gran nostalgia lo es de nada, es nada, como el cielo alto que no veo, y que estoy mirando impersonalmente."

jueves, 21 de noviembre de 2013

El Fatalista



"Me separé, dirigiéndome a mi casa por callejas desiertas; la luna, llena y rojiza, como si reflejase el resplandor de un incendio, empezaba a asomar en el horizonte; las estrellas brillaban serenas en la bóveda azul obscura, y este espectáculo me hizo pensar que ridículas eran ciertas gentes sabias, que creían que las celestes luminarias tomaban parte en nuestras menudas disputas por unos palmos de tierra o por cualesquiera otros derechos imaginarios. ¡Cómo es posible! ¡Si estas antorchas, encendidas allá arriba sólo para alumbrar nuestras luchas y nuestros triunfos, siguen centelleando todavía cuando ya no queda nada de nuestras pasiones ni de nuestras esperanzas, extinguidas mucho tiempo ha como la hoguera que el viajero aterido formó en el bosque para desentumecerse! Pero, en cambio, ¡qué fuerza de voluntad comunica a los que así tienen la seguridad de que el cielo entero, con sus innumerables pobladores, les está contemplando con simpatía aunque mudo e inalterable!... Y nosotros, lamentable descendencia suya, vagamos por la tierra sin convicciones y sin orgullo, sin fruición y sin temor, excepto aquel involuntario temor que oprime el corazón al pensar en el fin inevitable, y no nos sentimos dispuestos ya a los grandes sacrificios por el bien de la humanidad ni por nuestra propia felicidad, porque conocemos lo que tiene de imposible, y pasamos llenos de indiferencia de una duda a otra duda, como nuestros predecesores pasaron de un error a otro error, sin tener, contrariamente a ellos, esperanza alguna, ni siquiera aquel placer indefinido, pero intenso, que encuentra el alma en toda lucha con los hombres o con el destino"...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Whither goest thou?



"Escúcheme, Maldoror. Fíjate en mi semblante, tranquilo como un espejo, creo poseer una inteligencia igual a la tuya. Un día me llamaste el sostén de tu vida. Desde entonces nunca he traicionado la confianza que habías depositado en mí. Soy sólo un simple habitante de los cañaverales, es cierto; pero gracias a tu propio contacto, tomando sólo lo que de bello había en ti, mi razón se ha engrandecido y puedo hablarte. Me acerqué a ti para apartarte del abismo. Quienes se llaman tus amigos te miran, heridos por la consternación, cada vez que te encuentran, pálido y encorvado, en los teatros, en las plazas públicas, en las iglesias o sujetando, con dos nerviosos muslos, ese caballo que sólo galopa de noche, mientras lleva a su dueño-fantasma envuelto en un largo manto negro. Abandona esos pensamientos que dejan tu corazón vacío como un desierto; son más ardientes que el fuego. Tu espíritu está tan enfermo que no lo advierte y piensas hallarte en tu estado natural cada vez que de tu boca brotan palabras insensatas, aunque llenas de infernal grandeza. ¡Infortunado!, ¿qué has dicho desde el día de tu nacimiento? ¡Oh!, triste resto de una inteligencia inmortal, que con tanto amor había creado Dios. ¡Sólo has engendrado maldiciones más horrendas que la visión de hambrientas panteras! Preferiría tener soldados los párpados, que mi cuerpo careciera de piernas y brazos, haber asesinado a un hombre, antes que ser tú. Porque te odio. ¿Por qué tener este carácter que me asombra? ¿Con qué derecho vienes a esta tierra para ridiculizar a quienes la habitan, podrido despojo, agitado por el escepticismo? Si no estás a gusto, debes regresar a las esferas de donde vienes. Un habitante de las ciudades no debe residir en la aldea, como un extranjero. Sabemos que en los espacios existen esferas más vastas que la nuestra y cuyos espíritus tienen una inteligencia que nosotros ni siquiera podemos concebir. Pues bien, ¡vete!... ¡aléjate de este suelo móvil!... Muestra por fin tu esencia divina, que hasta hoy has ocultado, y, lo antes posible, dirige tu vuelo ascendente hacia tu esfera, que no te envidiamos, ¡orgulloso de ti! Pues no he logrado saber si eres un hombre o más que un hombre..."