viernes, 29 de noviembre de 2013

Dagen Derpå (El día siguiente)

 
(E. Munch)

El día siguiente dura más que un día, a veces se prolonga meses. Haber matado una posibilidad de ser y estar (con otro, ya sea emocional, artístico, y/o intelectual) es haber acabado con una historia personal, con una dicha ilusoria, con un sentido; antes de que el cuerpo caiga a la tumba ya te matas por palabras, por olvidos, por afectos. Y la pregunta brota: cuántas veces seguiré muriendo hasta que la muerte final venga por mí y me diga, con voz maternal que da miedo y amor, "la comedia ha terminado". Sin embargo, el pero perenne, en sufrir no hay nada demasiado despreciable y desagradable siempre. A veces, padecer el insomnio omnipotente de ese pelo de ébano, parpadear entre la rutina y rumiaciones esos ojos de noche sin estrellas que acosan la memoria, es una garra sanguinaria que inspira, que asombra y que permite la incógnita apreciación, para mí, de que la vida quizá valga algo, sobre todo en ese silencioso dolor, tan solitario como el pensamiento del genio y tan triste como la mirada del perro vagabundo, al menos si tan sólo para sentir y saberse sintiendo. 
Pero no me entiendan mal, la violencia de traer un ser al mundo jamás podrá ser justificada. Esta divagación es para los que ya están condenados a existir; dejen y traten a los muertos sin nacer de la misma manera como dejan y tratan a los muertos después de nacidos, en paz. 

P.s: todo lo que se puede decir (escribir) o no vale la pena o es una mentira. ¿Para qué escribo? ¿Para qué escribí todo esto? te preguntas lector... ¡Qué sé yo!

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