viernes, 8 de noviembre de 2013

El Corazón Humano

 La razón de que me guste tanto la literatura:

"A menudo me he preguntado qué cosa es más fácil de averiguar: si la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. A menudo, con la mano en la frente, erguido en los navíos, mientras la luna se balanceaba de forma irregular entre los mástiles, me he sorprendido, haciendo abstracción de todo lo que no era el objeto que yo perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es el más profundo, el más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia en la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra de estas soluciones, me estará permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no se puede igualar, en cuanto a la comparación de esta propiedad, con el corazón humano. Me he relacionado con hombres que han sido virtuosos. Morían a los sesenta años, y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien sobre la tierra, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no es gran cosa, todos pueden hacer lo mismo». ¿Quién puede comprender por qué dos amantes que se idolatraban la víspera se separan, por una palabra mal interpretada, el uno hacia oriente, el otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y ya no se vuelven a ver, cada uno envuelto en su solitario orgullo? Es un milagro que se renueva cada día, y que no por ello es menos milagroso. ¿Quién puede comprender por qué no sólo se saborean las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, mientras al mismo tiempo se está afligido? Un ejemplo incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente "sí" y piensa "no"."

Conde de Lautréamont

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