La razón de que me guste tanto la literatura:
"A menudo me he preguntado qué cosa es más fácil de averiguar: si la
profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. A menudo,
con la mano en la frente, erguido en los navíos, mientras la luna se
balanceaba de forma irregular entre los mástiles, me he sorprendido,
haciendo abstracción de todo lo que no era el objeto que yo perseguía,
esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es el más
profundo, el más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano?
Si treinta años de experiencia en la vida pueden, hasta cierto punto,
inclinar la balanza hacia una u otra de estas soluciones, me estará
permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no se puede
igualar, en cuanto a la comparación de esta propiedad, con el corazón
humano. Me he relacionado con hombres que han sido virtuosos. Morían a
los sesenta años, y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien sobre
la tierra, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no es gran
cosa, todos pueden hacer lo mismo». ¿Quién puede comprender por qué dos
amantes que se idolatraban la víspera se separan, por una palabra mal
interpretada, el uno hacia oriente, el otro hacia occidente, con los
aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y
ya no se vuelven a ver, cada uno envuelto en su solitario orgullo? Es un
milagro que se renueva cada día, y que no por ello es menos milagroso.
¿Quién puede comprender por qué no sólo se saborean las desgracias
generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos
más queridos, mientras al mismo tiempo se está afligido? Un ejemplo
incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente "sí" y
piensa "no"."
Conde de Lautréamont
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