miércoles, 13 de noviembre de 2013

En Rusia está la capital del infierno

"Es preciso disipar en las gentes la superstición de la vida, hay que hacerles comprender que no tienen derecho a representar esta comedia insensata... Ni la revolución, ni cualesquiera otras formas de gobierno, ni el capitalismo, ni el proletariado, nada le dará la felicidad al hombre, predestinado a sufrimientos sin fin..."

"¿Qué nos importa el régimen social de ustedes, si la muerte se halla detrás de cada cual, si vamos hacia las tinieblas, si nuestros seres queridos perecen, si todo cuanto hacemos lleva consigo la inclinación constante al sufrimiento y la insatisfacción?"

"Pero yo no puedo morir, pues no es la propia vida la que aborrezco, sino la de la humanidad entera, y mientras mi enemiga viva, ¡no me puedo marchar!... ¡Debo luchar contra ésta todavía en el último instante, hasta el último aliento! ¡Voy a gritar, a golpearme la cabeza contra la pared, a llamar y a empujar!"

 M. Artsybashev  

... Qué carajos le daban (no sé si dan, porque no he leído literatura rusa contemporánea) de comer a los rusos para que fueran tan virulentos y de acrimonia brutal, pesimistas, nihilistas. Será el clima. 
Pensé que con Andreiev había llegado a la cima del nihilismo ruso, quizá erré, lamentablemente no he podido conseguir mucho material de este escritor para tener un veredicto competente sobre esta comparación literaria.

P.s: he notado que en la literatura colombiana también existe un resabio semejante a estos rusos, sobre todo en un nihilismo corrosivo (G. Arango, Caicedo, F. Vallejo) aunque no sé que tan válida sea esta afirmación tampoco.



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