No, no es el arte, porque el arte funciona solamente si no estás consciente de que la utilizas para escapar de estas sensaciones inquietantes y sombrías; también, la misma, tomando un rol completamente opuesto, puede gatillar y acrecentar los sentimientos de depresión y desazón, y lamentablemente últimamente la he estado utilizando para eso, para tornar mi dolor en algo estético e intenso. La filosofía, entendiéndola aquí como moderación de los ánimos y guía de vida, tampoco me es servible, porque es impotente ante las emociones crudas y los impulsos humanos. Presentemente lo único que funciona es el saber que soy un pétalo importante para una rosa que me dio vida, ésta no podría soportar una pérdida y por consiguiente tengo un deber de no salir de la unica prisión que te da la llave para escapar, la vida... O la existencia (aunque considero que no son sinónimas). Esto sería una especie de sacrificio de amor, donde a uno le interesa más que el amado no sufra en vez de poder uno dejar de hacerlo.
Pero algunas veces la presión es muy fuerte y debo desahogarme como sea, entonces es ahí cuando entra un método menos agraciado y noble, la injuria física. Nada grave, mas lo suficiente como para apaciguar esos sentimientos. Un cortecito en algún lugar no muy visible o algún golpe fuerte en una parte delicada, pero no demasiado si comprenden lo que quiero decir (sí, la comedia participa en el dolor).
Lo peculiar y casi chistoso es como se generan estos malestares, y me recuerda al pasaje de Camus, es mas, es igual a ese escrito que comparto ahora (destacando la parte a la cual aludo): "Son muchas las causas de un suicidio, y, de una manera general, las más aparentes no han sido las más eficaces. La gente se suicida rara vez (sin embargo, no se excluye la hipótesis) por reflexión. Lo que desencadena la crisis es casi siempre incontrolable. Los diarios hablan con frecuencia de "penas íntimas" o de "enfermedad incurable". Son explicaciones valederas. Pero habría que saber si ese mismo día un amigo del desesperado no le habló con un tono indiferente. Ése sería el culpable, pues tal cosa puede bastar para precipitar todos los rencores y todos los cansancios todavía en suspenso."
Pues es eso, una insignificancia, un detalle nimio. Puede ser que una persona, o personas, que estimo hayan hecho un acto o actos, dicho algo, o quizás no haber hecho y/o dicho algo, que, probablemente sin pensarlo o sin siquiera creer que podrían afectarme (lo que es muy posible ya que yo estoy enfermo e interpreto como tal), generan en mí una reacción en cadena de afrentas "espirituales", hachazos sombríos que despedazan mi bienestar y me hacen divulgar, sin parar, en mi mente deseos de autodesprecio, fantasías y calumnias injustificadas e inverosímiles, y reflexiones fúnebres, que culminan con ansias de beber el trago del precoz Chatterton.
!Alas¡ Qué debería hacer con este pobre ser ególatra y maniático que escribe, no sé. Por ahora, temporalmente hasta que vuelva otra microtormenta o egotormenta (que ocioso soy, inventando palabras), ya me he aliviado y me siento mejor, pero advierto a mis lectores no creerme demasiado ya que soy un experto en mentirme a mi mismo.
Concluyendo, nunca es inoportuno recibir unas palmaditas de entendimiento en la espalda por parte de aliados notables en el sufrimiento como Ian Curtis y el viejo Bach, que aunque no nos hablan en directo, sí nos "hablan" a través de su legado artístico, y mon dieu, que lenguaje más similar, no obstante la distancia temporal. El tiempo es una ilusión.
The Eternal, Closer (1980)
J. S. Bach, Arreglo del Adagio de Marcello
P.D: no puedo dejar de pensar que fui demasiado tajante en mis aseveraciones respecto al arte y la filosofía. Tengo, como siempre, discordancia con mi yo de unas horas atrás, pero por respeto a su sinceridad y pasión del momento, dejaré esta entrada como está.
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