miércoles, 1 de agosto de 2012

La muerte necesita higiene

Le Suicidé, por Édouard Manet


Últimamente mis reflexiones, ubicuas a mi juicio, sobre suicidio y la muerte, sobre lo que conlleva éste estado, la nada, la no existencia ni conciencia, un sueño prolongado asumo, se han centrado en la razón de por qué todavía se debate el libro con el rifle en cuanto al destino de mi vida. Es decir, si fuera consistente, mis premisas nihilistas fatalistas deberían concluir en una fácil victoria del rifle por sobre el libro (metáfora del conocimiento y la belleza, fuentes de mi existencia, el motor primario aplicando un lenguaje arcaico helénico). Pero no es así. Aunque creo que luego de rumiar respecto a ello he podido llegar, con moderada satisfacción, a porque aún no me he hecho pedazos los sesos y ahorrado entonces el trabajo arduo a las miserables bacterias y demás microorganismos cuando este debajo tierra. Y la respuesta es muy sencilla, o lo es para estetas (si se puede hacer una profesión de la estética) como yo, apreciadores de la belleza y el buen gusto (aunque no pedantes aviso. Bukowski no me es admirable pero tampoco lo censuro, sirve para pasar el rato. De otros autores "degenerados" pienso lo mismo). ¡Sin más rodeos, es porque qué asquerosidad es la consecuencia del suicidio! Imagínense, un balazo, el cráneo con un agujero tremendo, todo fragmentado, la materia cerebral desparramada por doquier, la sangre bañando paredes, sábanas, lavamanos, libros (escoja el objeto a su placer ya que dependerá de donde decida matarse), los ojos desorbitados, si es que tenemos aun los ojos conectados a las demás partes cerebrales que quedan, quizás se ponen como péndulos en el semblante destrozado, la lengua afuera o enroscada o quien sabe como... Ay muerte, qué poco estética y refinada eres. Dime, muerte, por qué no se puede fenecer elegantemente, como un dios, el sol iluminando tu cuerpo, la piel como bálsamo, los labios rojos, pupilas como entradas al paraíso, en fin, la imaginación de un artista no debería tener limites, pero tu muerte no eres una artista, eres una vulgar y pobre borracha, hastiada de tantos cadáveres supongo, ya te da igual como mueran; eres como la obrera que tira cemento desde su camión y no se preocupa de como caigan o lleguen a destino esas partículas mientras lleguen, sin embargo eso seria una excusa ya que siempre has sido poco discreta y fina en tu escultura post mortem. Y hablando de post mortems, y siendo modestos en el tema ya que si abarcáramos todas las especies y divagáramos en el concepto de muerte (¿por ejemplo es una muerte la de las estrellas en su proceso final, o solamente deben ser seres vivos los posesores de este concepto?) no finalizaríamos nunca esta entrada, la muerte es no sólo poco bella sino que además irreverente. ¡Piensen en las erecciones post mortem, de la cual ni Jesús se salvo, qué estupidez! Aunque se podría decir que tiene sentido del humor esta femme fatale de ojos negros.
Sí pues, creo que si la muerte fuese una obra de arte no tendría problemas en pegarme un tiro sin escrúpulos, pero el hecho de imaginar las posibles contorsiones y expresiones absurdas que comunicarían mi cuerpo a los espectadores me hace desistir... Y he aquí que quizás he hallado mi futura vocación y diligencia.  He encontrado la elaboración de mi talento escondido, tan recóndito que hay que sacarlo a palos al hijo de puto/a (soy un escritor del siglo XXI que exhala conciencia social). Díganme, cuántas personas no me aplaudirían y alabarían si creara una maquina que te permitiera morir en elegancia y plena higiene, que hiciese de ese horrendo proceso putrefacto, oloroso y desagradable visualmente, una actividad tan grata y hermosa como una pintura impresionista o flamenca. Luego se podrían hacer museos de las mejores muertes, concursos, premios nobel debería ingresar una nueva categoría, etc. ¡Qué futuro se me viene por delante!


P.s: Como complemento y mejora notable a este mediocre escrito satírico recomiendo

Del asesinato considerado como una de las bellas artes

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