"Para no sentir el horrible paso del Tiempo que quiebra vuestros Hombros y os curva hacia la tierra, tenéis que embriagaros sin tregua."
Acatando las ordenes de Baudelaire con sumo deleite, inicio esta serie de fragmentos literarios que dejan su marca, intelectual o sensible (soy producto del dualismo reduccionista cartesiano), en la masa cerebral:
“La oscuridad reinaba en torno mío; todo estaba tranquilo, todo. Pero en las alturas zumbaba el eterno canto de la atmósfera, ese borboneo lejano, sin modulaciones, que jamás se calla. Presté atención tanto tiempo a ese murmullo morboso, que comenzó a turbarme. Eran, sin duda, la sinfonías de los mundos girando en el espacio por encima de mí, las estrellas que entonaban su himno… Quizás sea el Diablo- dije riendo a gritos, para conservar la serenidad-. Son los búhos que gritan en Canaán…. Me levanté, volví a acostarme, me puse los zapatos y anduve en la sombra; me acosté otra vez y me debatí entre la cólera y el miedo hasta la aurora. Entonces, por fin, me dormí”…
Knut Hamsun, Hambre.
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