Me generan un desasosiego profundo, en mi corazón burgués, las horas cuando el conocimiento, culmine experiencia y actividad que puedo disfrutar y discurrir, se torna insípido y vano. Y no aludo a que el mensaje brillante, aunque algo evidente, de Hans Holbein "el Joven" en su pintura de "Los embajadores" me golpea el rostro somnoliento. No. Lo que me acontece es algo meramente cualitativo.
Qué más queda si lo que le da valor a mi existencia, el conocimiento, y a veces la belleza, en sus frutos me es mediocre e insatisfactorio intelectualmente... He ahí el horroroso letargo absurdo de mi vida en su máxima expresión.
Aún así cuando todo me parece aburrido, fútil y estúpido. Monótono... Bach aparece y me confuta con delicadeza sublime.
¡Por qué, maldecido Bach, no dejas en libertad mi desesperanza egoísta!
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