jueves, 21 de noviembre de 2013

El Fatalista



"Me separé, dirigiéndome a mi casa por callejas desiertas; la luna, llena y rojiza, como si reflejase el resplandor de un incendio, empezaba a asomar en el horizonte; las estrellas brillaban serenas en la bóveda azul obscura, y este espectáculo me hizo pensar que ridículas eran ciertas gentes sabias, que creían que las celestes luminarias tomaban parte en nuestras menudas disputas por unos palmos de tierra o por cualesquiera otros derechos imaginarios. ¡Cómo es posible! ¡Si estas antorchas, encendidas allá arriba sólo para alumbrar nuestras luchas y nuestros triunfos, siguen centelleando todavía cuando ya no queda nada de nuestras pasiones ni de nuestras esperanzas, extinguidas mucho tiempo ha como la hoguera que el viajero aterido formó en el bosque para desentumecerse! Pero, en cambio, ¡qué fuerza de voluntad comunica a los que así tienen la seguridad de que el cielo entero, con sus innumerables pobladores, les está contemplando con simpatía aunque mudo e inalterable!... Y nosotros, lamentable descendencia suya, vagamos por la tierra sin convicciones y sin orgullo, sin fruición y sin temor, excepto aquel involuntario temor que oprime el corazón al pensar en el fin inevitable, y no nos sentimos dispuestos ya a los grandes sacrificios por el bien de la humanidad ni por nuestra propia felicidad, porque conocemos lo que tiene de imposible, y pasamos llenos de indiferencia de una duda a otra duda, como nuestros predecesores pasaron de un error a otro error, sin tener, contrariamente a ellos, esperanza alguna, ni siquiera aquel placer indefinido, pero intenso, que encuentra el alma en toda lucha con los hombres o con el destino"...

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Whither goest thou?



"Escúcheme, Maldoror. Fíjate en mi semblante, tranquilo como un espejo, creo poseer una inteligencia igual a la tuya. Un día me llamaste el sostén de tu vida. Desde entonces nunca he traicionado la confianza que habías depositado en mí. Soy sólo un simple habitante de los cañaverales, es cierto; pero gracias a tu propio contacto, tomando sólo lo que de bello había en ti, mi razón se ha engrandecido y puedo hablarte. Me acerqué a ti para apartarte del abismo. Quienes se llaman tus amigos te miran, heridos por la consternación, cada vez que te encuentran, pálido y encorvado, en los teatros, en las plazas públicas, en las iglesias o sujetando, con dos nerviosos muslos, ese caballo que sólo galopa de noche, mientras lleva a su dueño-fantasma envuelto en un largo manto negro. Abandona esos pensamientos que dejan tu corazón vacío como un desierto; son más ardientes que el fuego. Tu espíritu está tan enfermo que no lo advierte y piensas hallarte en tu estado natural cada vez que de tu boca brotan palabras insensatas, aunque llenas de infernal grandeza. ¡Infortunado!, ¿qué has dicho desde el día de tu nacimiento? ¡Oh!, triste resto de una inteligencia inmortal, que con tanto amor había creado Dios. ¡Sólo has engendrado maldiciones más horrendas que la visión de hambrientas panteras! Preferiría tener soldados los párpados, que mi cuerpo careciera de piernas y brazos, haber asesinado a un hombre, antes que ser tú. Porque te odio. ¿Por qué tener este carácter que me asombra? ¿Con qué derecho vienes a esta tierra para ridiculizar a quienes la habitan, podrido despojo, agitado por el escepticismo? Si no estás a gusto, debes regresar a las esferas de donde vienes. Un habitante de las ciudades no debe residir en la aldea, como un extranjero. Sabemos que en los espacios existen esferas más vastas que la nuestra y cuyos espíritus tienen una inteligencia que nosotros ni siquiera podemos concebir. Pues bien, ¡vete!... ¡aléjate de este suelo móvil!... Muestra por fin tu esencia divina, que hasta hoy has ocultado, y, lo antes posible, dirige tu vuelo ascendente hacia tu esfera, que no te envidiamos, ¡orgulloso de ti! Pues no he logrado saber si eres un hombre o más que un hombre..."

miércoles, 13 de noviembre de 2013

En Rusia está la capital del infierno

"Es preciso disipar en las gentes la superstición de la vida, hay que hacerles comprender que no tienen derecho a representar esta comedia insensata... Ni la revolución, ni cualesquiera otras formas de gobierno, ni el capitalismo, ni el proletariado, nada le dará la felicidad al hombre, predestinado a sufrimientos sin fin..."

"¿Qué nos importa el régimen social de ustedes, si la muerte se halla detrás de cada cual, si vamos hacia las tinieblas, si nuestros seres queridos perecen, si todo cuanto hacemos lleva consigo la inclinación constante al sufrimiento y la insatisfacción?"

"Pero yo no puedo morir, pues no es la propia vida la que aborrezco, sino la de la humanidad entera, y mientras mi enemiga viva, ¡no me puedo marchar!... ¡Debo luchar contra ésta todavía en el último instante, hasta el último aliento! ¡Voy a gritar, a golpearme la cabeza contra la pared, a llamar y a empujar!"

 M. Artsybashev  

... Qué carajos le daban (no sé si dan, porque no he leído literatura rusa contemporánea) de comer a los rusos para que fueran tan virulentos y de acrimonia brutal, pesimistas, nihilistas. Será el clima. 
Pensé que con Andreiev había llegado a la cima del nihilismo ruso, quizá erré, lamentablemente no he podido conseguir mucho material de este escritor para tener un veredicto competente sobre esta comparación literaria.

P.s: he notado que en la literatura colombiana también existe un resabio semejante a estos rusos, sobre todo en un nihilismo corrosivo (G. Arango, Caicedo, F. Vallejo) aunque no sé que tan válida sea esta afirmación tampoco.



Love:


...

domingo, 10 de noviembre de 2013

Oliverio Girondo

Nihilismo

Nada de nada:
es todo.
Así te quiero, nada.
¡Del todo!...
Para nada.

Cansancio

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

¿Dónde?

¿Me extravié en la fiebre?
¿Detrás de las sonrisas?
¿Entre los alfileres?
¿En la duda?
¿En el rezo?
¿En medio de la herrumbre?
¿Asomado a la angustia,
al engaño,
a lo verde?...
No estaba junto al llanto,
junto a lo despiadado,
por encima del asco,
adherido a la ausencia,
mezclado a la ceniza,
al horror,
al delirio.
No estaba con mi sombra,
no estaba con mis gestos,
más allá de las normas,
más allá del misterio,
en el fondo del sueño,
del eco,
del olvido.
No estaba.
¡Estoy seguro!
No estaba.
 

sábado, 9 de noviembre de 2013

La jaula se ha vuelto pájaro (¿no?)

"Diario de Baudelaire. Salvación por el trabajo. Trabajar es menos aburrido y menos doloroso que divertirse o que no trabajar. Pero trabajar por desesperación. El trabajo a la manera de un opio adormecedor. Esto me es imposible a causa de mi estatismo interno. Nada se mueve. O trabajar a modo de venganza. Como una forzada que condenaron a la soledad, al aislamiento. A propósito, esto de la soledad es lo único importante en mi. Actualmente. Pues recién ahora descubro (siento; me animo a confesarlo) que estoy muy sola y que sufro por ello. Haber llegado a decírmelo a haberme permitido sentirlo es un atentado a mi orgullo.(…)…conozco tanta gente. Sus nombres me sirven para engañarme por no tener amigos. Mejor dicho, por no poder tener amigos.”

"pero:

…pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber-
que de allí no se vuelve
se alejo -me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje
-yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te la picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más."


Fragmento de diarios de A. Pizarnik

viernes, 8 de noviembre de 2013

El Corazón Humano

 La razón de que me guste tanto la literatura:

"A menudo me he preguntado qué cosa es más fácil de averiguar: si la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. A menudo, con la mano en la frente, erguido en los navíos, mientras la luna se balanceaba de forma irregular entre los mástiles, me he sorprendido, haciendo abstracción de todo lo que no era el objeto que yo perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es el más profundo, el más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia en la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra de estas soluciones, me estará permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no se puede igualar, en cuanto a la comparación de esta propiedad, con el corazón humano. Me he relacionado con hombres que han sido virtuosos. Morían a los sesenta años, y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien sobre la tierra, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no es gran cosa, todos pueden hacer lo mismo». ¿Quién puede comprender por qué dos amantes que se idolatraban la víspera se separan, por una palabra mal interpretada, el uno hacia oriente, el otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y ya no se vuelven a ver, cada uno envuelto en su solitario orgullo? Es un milagro que se renueva cada día, y que no por ello es menos milagroso. ¿Quién puede comprender por qué no sólo se saborean las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, mientras al mismo tiempo se está afligido? Un ejemplo incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente "sí" y piensa "no"."

Conde de Lautréamont