"Diario de Baudelaire. Salvación por el trabajo. Trabajar es menos aburrido y menos doloroso que divertirse o que no trabajar. Pero trabajar por desesperación. El trabajo a la manera de un opio adormecedor. Esto me es imposible a causa de mi estatismo interno. Nada se mueve. O trabajar a modo de venganza. Como una forzada que condenaron a la soledad, al aislamiento. A propósito, esto de la soledad es lo único importante en mi. Actualmente. Pues recién ahora descubro (siento; me animo a confesarlo) que estoy muy sola y que sufro por ello. Haber llegado a decírmelo a haberme permitido sentirlo es un atentado a mi orgullo.(…)…conozco tanta gente. Sus nombres me sirven para engañarme por no tener amigos. Mejor dicho, por no poder tener amigos.”
"pero:
…pero le pasó (a Kafka) lo que a mí:
se separó
fue demasiado lejos en la soledad
y supo -tuvo que saber-
que de allí no se vuelve
se alejo -me alejé-
no por desprecio (claro es que nuestro orgullo es infernal)
sino porque una es extranjera
una es de otra parte,
ellos se casan,
procrean,
veranean,
tienen horarios,
no se asustan por la tenebrosa
ambigüedad del lenguaje
(no es lo mismo decir Buenas noches que decir Buenas noches)
El lenguaje
-yo no puedo más,
alma mía, pequeña inexistente,
decidíte;
te la picás o te quedás,
pero no me toques así,
con pavura, con confusión,
o te vas o te la picás,
yo, por mi parte, no puedo más."
Fragmento de diarios de A. Pizarnik
sábado, 9 de noviembre de 2013
viernes, 8 de noviembre de 2013
El Corazón Humano
La razón de que me guste tanto la literatura:
"A menudo me he preguntado qué cosa es más fácil de averiguar: si la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. A menudo, con la mano en la frente, erguido en los navíos, mientras la luna se balanceaba de forma irregular entre los mástiles, me he sorprendido, haciendo abstracción de todo lo que no era el objeto que yo perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es el más profundo, el más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia en la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra de estas soluciones, me estará permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no se puede igualar, en cuanto a la comparación de esta propiedad, con el corazón humano. Me he relacionado con hombres que han sido virtuosos. Morían a los sesenta años, y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien sobre la tierra, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no es gran cosa, todos pueden hacer lo mismo». ¿Quién puede comprender por qué dos amantes que se idolatraban la víspera se separan, por una palabra mal interpretada, el uno hacia oriente, el otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y ya no se vuelven a ver, cada uno envuelto en su solitario orgullo? Es un milagro que se renueva cada día, y que no por ello es menos milagroso. ¿Quién puede comprender por qué no sólo se saborean las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, mientras al mismo tiempo se está afligido? Un ejemplo incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente "sí" y piensa "no"."
Conde de Lautréamont
"A menudo me he preguntado qué cosa es más fácil de averiguar: si la profundidad del océano o la profundidad del corazón humano. A menudo, con la mano en la frente, erguido en los navíos, mientras la luna se balanceaba de forma irregular entre los mástiles, me he sorprendido, haciendo abstracción de todo lo que no era el objeto que yo perseguía, esforzándome por resolver ese difícil problema. Sí, ¿cuál es el más profundo, el más impenetrable de los dos: el océano o el corazón humano? Si treinta años de experiencia en la vida pueden, hasta cierto punto, inclinar la balanza hacia una u otra de estas soluciones, me estará permitido decir que, pese a la profundidad del océano, no se puede igualar, en cuanto a la comparación de esta propiedad, con el corazón humano. Me he relacionado con hombres que han sido virtuosos. Morían a los sesenta años, y nadie dejaba de exclamar: «Han hecho el bien sobre la tierra, es decir, han practicado la caridad: eso es todo, no es gran cosa, todos pueden hacer lo mismo». ¿Quién puede comprender por qué dos amantes que se idolatraban la víspera se separan, por una palabra mal interpretada, el uno hacia oriente, el otro hacia occidente, con los aguijones del odio, de la venganza, del amor y de los remordimientos, y ya no se vuelven a ver, cada uno envuelto en su solitario orgullo? Es un milagro que se renueva cada día, y que no por ello es menos milagroso. ¿Quién puede comprender por qué no sólo se saborean las desgracias generales de los semejantes, sino también las particulares de los amigos más queridos, mientras al mismo tiempo se está afligido? Un ejemplo incontestable para cerrar la serie: el hombre dice hipócritamente "sí" y piensa "no"."
Conde de Lautréamont
miércoles, 6 de noviembre de 2013
La verdad de un muerto
"No puedo reconciliarme conmigo mismo, con los otros, con las cosas. Ni siquiera con Dios. Con él de ninguna manera."
"Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado."
Sí Cioran, sí, ahora callate que me ire a emborrachar (como aconseja uno de los petits poèmes de Baudelaire) y tu voz de ultratumba seduce demasiado.
lunes, 28 de enero de 2013
Una Parábola I
Una parábola dividida en dos partes
Una tarde, en un día como cualquier otro en donde el sol de a poco alumbraba las montañas y los suelos campesinos, un hombre de apariencia llana, con atuendos descoloridos y monótonos, de rostro fatigado como con el peso de madrugadas en sus ojos, subía unas escaleras de madera ajadas que se quejaban con cada pie que las pisaba. Su destino era la cima de un pequeño monte, en cuyo centro se encontraba una mujer, cual apodo era "la sabia", una obvia alusión a Aristóteles pensaba el extranjero mientras subía, porque se decía y rumoreaba, tanto entre sus discípulos como en la gente del pueblo, de que su sabiduría era solamente superada por la de Dios.
Una tarde, en un día como cualquier otro en donde el sol de a poco alumbraba las montañas y los suelos campesinos, un hombre de apariencia llana, con atuendos descoloridos y monótonos, de rostro fatigado como con el peso de madrugadas en sus ojos, subía unas escaleras de madera ajadas que se quejaban con cada pie que las pisaba. Su destino era la cima de un pequeño monte, en cuyo centro se encontraba una mujer, cual apodo era "la sabia", una obvia alusión a Aristóteles pensaba el extranjero mientras subía, porque se decía y rumoreaba, tanto entre sus discípulos como en la gente del pueblo, de que su sabiduría era solamente superada por la de Dios.
domingo, 27 de enero de 2013
Amistad
Las amistades son sombras, nubes violentadas por la belleza del cielo, son fragmentos de niebla, ecos que no se comprenden y que muchas veces no se logran oir, son rompecabezas cuyo niño ha olvidado como jugarlo, son fotografías abandonadas, son los restos de un incendio, son líneas de correspondencia habituada a la rutina, son enemigos del futuro y amores del pasado, son el aborto de la caja de Pandora, son el nuevo culto al antepasado, son consejos no seguidos, son memoria débil cayendo al abismo de la nada y son esperanza tatuada con alfiler por todo el pecho.
"Amigo mío:
Amigo mío..., yo no soy lo que parezco. Mi aspecto es sólo un traje que llevo puesto, un traje hecho cuidadosamente; que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi indiferencia.
El "Yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y en ella permanecerá por siempre, inadvertido, inabordable.
"Amigo mío:
Amigo mío..., yo no soy lo que parezco. Mi aspecto es sólo un traje que llevo puesto, un traje hecho cuidadosamente; que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi indiferencia.
El "Yo" que hay en mí, amigo mío, mora en la casa del silencio, y en ella permanecerá por siempre, inadvertido, inabordable.
miércoles, 9 de enero de 2013
"Yo soy"
Ni cero disimulado ni trozos de infinito.
A inicio de año opté por ser poeta, o fui elegido por fuerzas supraterrenas. Sin embargo, luego de leer un breve ensayo de un escritor aún vivo (remarco porque estoy habituado a conversar con muertos), en el cual dudaba de la identidad y afinidad que sentía de su profesion literaria (pensaba que era novelista, según algunos criterios, y luego, al recibir críticas sobre su presente estado como tal, refutado como mero vacilante escritor, dudó de que sea un novelista, o que lo haya sido en algún momento, y que quizás, sin saberlo, siempre anduvo desnudo cuando creyó andar vestido). Pues, como toda lectura nunca es pasiva, sino dialéctica, ésta me ha llevado a cuestionar mi autoproclamación como poeta (y también pensar que hace que uno sea algo y no otra cosa).
A inicio de año opté por ser poeta, o fui elegido por fuerzas supraterrenas. Sin embargo, luego de leer un breve ensayo de un escritor aún vivo (remarco porque estoy habituado a conversar con muertos), en el cual dudaba de la identidad y afinidad que sentía de su profesion literaria (pensaba que era novelista, según algunos criterios, y luego, al recibir críticas sobre su presente estado como tal, refutado como mero vacilante escritor, dudó de que sea un novelista, o que lo haya sido en algún momento, y que quizás, sin saberlo, siempre anduvo desnudo cuando creyó andar vestido). Pues, como toda lectura nunca es pasiva, sino dialéctica, ésta me ha llevado a cuestionar mi autoproclamación como poeta (y también pensar que hace que uno sea algo y no otra cosa).
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